OBRA

RAFAEL CATALÀ, LA PLASMACIÓ DE L'INSÒLIT

Prólogo al libro "Rafael Català".
(Joan Martí i Castell
)

La condición de artista es espeluznantemente exigente, ya que supone estar siempre, por encima o por debajo, de la superficialidad. Este es el motivo que explica los juicios más arbitrarios a que la sociedad somete a los virtuosos, temerosa de que le descubran el pozo insignificante en el que se ha precipitado. Han sido rechazados porque, mediante un material que se rebela a la codificación y descodificación convencionales, son capaces de construir mensajes que no conocen el límite de los significados a los que nos hemos acostumbrado. Ello explica el hecho de que, hagan lo que hagan, siempre son considerados con recelo, porque prevalece el espanto por que vayan demasiado lejos en el desvelo de sensaciones que provoquen la sublevación respecto al orden establecido. Su trabajo es subversivo respecto a los referentes que homogeneizan a los que estamos subyugados.

Rafael Català ha demostrado sobradamente que es un creador, que puede alinearse entre los más importantes forjadores de la realidad artística. El suyo es un camino largo. Y me atrevo a decir que también sinuoso, porque está marcado por la duda metódica; contiene la incertidumbre de la osadía; la seguridad se halla solamente en la mediocridad de quienes no se atreven a derribar muros creadores, ofuscadores, y, en el proceso de la obra de Rafael Català, encontramos senderos inesperados que se sobreponen en la captación de las impresiones que provoca. Incluso cunado puede parecer más concesivo respecto a determinados esquemas clasificados taxonómicamente, súbitamente un trazo, una línea, un tono, una forma destruyen cualquier posibilidad de hacerlo encajar con ortodoxia en ninguna casilla.

Como los científicos que son sabios, nunca se ha estancado en ninguna solución. Su obra, con sus distintas variaciones y en sus registros distintos, llega a cimas en las que podría haberse sentido cómodo y satisfecho. No. Las deja y va más allá. Cuando la consistencia de su labor lo tienta a la autocomplacencia por los resultados completos, huye, se escapa por sendas que probablemente ni siquiera él sabe a dónde lo pueden conducir, y las penetra, animoso, con el afán de descubrir nuevos mensajes, nuevas fórmulas, y por lo tato, nuevos resultados. En este sentido, Rafael Català ha hecho ya contribuciones ejemplares en la historia del arte, tan larga como la de la misma humanidad.